Naylamp, obedeciendo al espíritu
migratorio de su pueblo, sale de la región de los Mayas en compañía de su mujer
llamada Caterni y un numeroso séquito, conformado por tejedores de túnicas,
preparadores de cremas de colores para pintarse la piel, músicos cargadores y
gente para su servicio personal. Recorren en balsa las costas de centro y
Sudamérica hasta llegar a Lambayeque, a la desembocadura del rio Paquisllanga,
en donde desembarca; es vestido con plumas de aves tropicales, untado y
coloreado según su rango y estirpe, y en trono y en litera, él y esposa Caterni
son conducidos hasta el lugar escogido
por Naylamp para su futura ciudad.
Se empezó la construcción del templo al
ídolo llamado Llampallec y la población se inicia en labores agrícolas. Pasaron los años y Naylamp
envejeció, cuando sintió cerca su muerte, llamó a sus más íntimos y les ordenó
que cuando muriese, ocultasen su cuerpo y dijeran a la población que el mismo
se había dado alas y voló al cielo. Sus hijos fueron a poblar la comarca vecina
y su sucesor Cium quedó al cuidado del templo de Chot y del ídolo Llampallec.
Esta es la leyenda de la migración de
las culturas centroamericanas a América del Sur, recuerdo histórico enriquecido
por la fantasía que trata de explicar el nacimiento y desarrollo de la cultura
Chimú. Es el poema de la paz, de la fraternidad. El escenario descrito en la
leyenda coincide con el reino del gran Chimú y en la variedad del color y
rasgos humanos tiene los perfiles de los mochicas.
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